LOS PECES SEDENTARIOS Y EMIGRANTES

Existen innumerables especies que a lo largo de su vida se alejan muy poco de sus lugares de nacimiento (góbidos, escorpas, etc.). A lo sumo y durante el invierno descienden a aguas algo más profundas, siendo este el caso de algunos peces planos. Estos peces sedentarios son mucho más propensos a formar razas locales que los emigrantes.

Los emigrantes efectúan desplazamientos de acuerdo con las variaciones estacionales o con otras causas bien definidas y que recorren con frecuencia millares de kilómetros dentro de su área de distribución. Tal hacen la sardina, el arenque, la caballa, el atún y el bacalao. Las migraciones obedecen a dos causas principales: alimentación y reproducción. Después de frezar en el Mediterráneo, los atunes están magros y hambrientos, por lo que durante el verano se dirigen hacia el norte buscando aguas donde abunden sus presas. En julio alcanzan las costas noruegas, para volver a aguas más cálidas cuando el tiempo empieza a refrescar en aguas tan norteñas. En la primavera siguiendo su instinto reproductivo vuelven al mediterráneo, donde se encuentran sus áreas de puesta.

Este ciclo expuesto anteriormente caracteriza las migraciones de muchos peces: un desplazamiento constante, influenciado por las estaciones del año, desde las áreas de puesta a los lugares donde abunda su alimento, con un intervalo en las zonas de invernada.

Un fenómeno singular y frecuente entre los peces es que los alevines se desarrollan y crecen en lugares bien diferentes de aquellos en los que tuvo lugar la puesta.

 

 

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